lunes, 27 de septiembre de 2010

Expectativas

Escribí esto, que creo es más sincero que lo anterior. Juzgue por sí mismo(a):

Plan de Trabajo: La Quimera de la Idea Previa

Antes de embarcarme en este trabajo, creo necesario hacer una declaración de principios: cualquier consideración respecto del montaje que se articule previamente a la filmación, es mera fantasía. Incluso la idea preconcebida más genérica es susceptible de volverse obsoleta una vez que el material ya se encuentra en la sala de montaje, dependiendo de la maestría con que el director haya planificado la película. Y aun así, aunque el director hubiese planeado minuciosa y maniáticamente cada detalle de cada plano, y aunque hubiese considerado el montaje de dichos planos durante la filmación, el propio material puede demandar una reconstrucción absoluta de la idea previa. No se extrañe si nota la personificación aplicada al material, pues es cierto: el material puede demandar su propia construcción y sus propios ritmos. Evidentemente, cada montajista leerá de diferente manera dicho llamado del material, pues éste tiene diversas voces internas, es decir, lecturas diferentes que vienen impresas –o digitalizadas- en cada cuadro, y que el montajista debe saber interpretar. Me parece –ya que estamos haciendo declaraciones- incorrecto, o al menos poco afortunado, la visión de que una película puede tener infinitos montajes diferentes, mil construcciones que, en su diversidad, no son necesariamente incorrectas. Patrañas. Pienso que, dentro de su propia capacidad emotiva/estética/significante/rítmica/etcétera, cada plano no contiene en sí mismo infinitas posibilidades. Más bien, en el concierto de la película, cada plano tiene un hábitat natural, dependiendo de los criterios con los que se monte, y la importancia que se les dé a éstos. Por ejemplo, si el criterio que manda en mi montaje es la transparencia, un plano x tendrá, probablemente, no más de uno o dos lugares para acontecer; sin embargo, si el criterio es la generación de una emoción, por sobre cualquier consideración de transparencia –incluso de claridad narrativa-, es probable que el mismo plano x tenga a su disposición más de un lugar dentro de la película. Asimismo, el largo de los planos, y los momentos (cuadros) en que éstos deben ser cortados, tienen relación con los mismos criterios con los que se monta. Sin embargo, los criterios no son infinitos (considero apropiados, de hecho, los seis criterios propuestos por W. Murch en “In the blink of an Eye”), y no todo el material puede ser montado con cualquiera de estos criterios. Lamentablemente, hay material que carece de densidad, y es incapaz de ser utilizado con tales o cuales propósitos. El buen montajista debe ser también capaz de leer esto. En fin, es el material –bien leído- el que demanda una estructura, un ritmo y un criterio de montaje determinados. Pero bueno, ¿no estábamos hablando de lo fantasioso que es realizar una propuesta de montaje previa a la filmación? Sí. Pues bien, dicha declaración tiene relación con esta “vida interna” que posee cada material, y que le es conferida en la filmación. No antes. Cualquier propuesta de montaje previa a la filmación niega la vida que pudiese tener el material, pues lo inhabilita para comunicar (aunque es en realidad el montajista quien se inhabilita para leer). Creo que lo más correcto sería, en el caso de buscar una planificación del trabajo posterior a la filmación, que montajista y director acordaran los criterios de montaje, suponiendo que el material será susceptible de ser montado bajo cualquiera de los criterios. Subrayo “suponiendo” porque siempre debe tenerse en mente el hecho de que aquello que se acordó no es más que el plan de acción en caso de que la situación sea la idónea. De no ser así, el montajista deberá leer el material para entregarlo a su hábitat natural, de acuerdo a los criterios utilizables. Entonces, la planificación se irá por el retrete. Como suele suceder, por lo demás.

Para el montaje de Maríalinda XD, no se han concebido criterios previos, sino que una idea fuerza que, en lo posible, debe guiar el montaje: la ambigüedad. Temporal, en el sentido de que no se establezca con claridad cuándo suceden los acontecimientos; y sicológica, en el sentido de que no se establezca tampoco si dichos acontecimientos, de hecho, suceden o no.
Dado todo esto, este texto será –o intentará ser- la constatación de que puede –y tal vez debe- trabajarse bajo el alero de la correcta lectura del material, y no bajo una planificación previa que, ocasionalmente, no tiene asidero alguno en la realidad.

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