Para corroborar -o refutar- dicha hipótesis, me embarqué en dos desafíos muy diferentes. En el primero, "Quiero una Piscina", debía, básicamente, montar la historia según el guión que estaba escrito. Y en el segundo, "Marialinda XD", mi tarea era construir dentro de la historia una ambigüedad temporal (y psicológica) que no existía en el guión, generando una confusión respecto del momento en que los acontecimientos ocurrían, así como si éstos efectivamente ocurrían o no (podrían haber sido simplemente parte de la imaginación de la protagonista).
Para "Quiero una Piscina", la tarea, en términos de estructura, no fue titánica; se trató, simplemente, de disponer los acontecimientos en el orden que dictaba el guión. Luego, me di cuenta de que algunas escenas funcionaban mejor si las disponía de otra forma. Así, su significado dentro de la historia, si bien no cambiaba, al menos adquiría mayor fuerza. Posteriormente decidí quitar una escena por completo, pues su presencia no era fundamental, y no aportaba mayor riqueza al relato. Y, finalmente, tuve la trabajosa tarea de recortar los textos y actuaciones de los intérpretes del cortometraje, para entregar mayor fluidez y credibilidad a la historia.
Ahora, todo esto forma parte de una práctica de montaje bastante convencional. El material fue grabado con una intención ("mostrar" el guión), y dicha intención, si bien fue intervenida en términos más formales que estructurales, no se vio modificada por mi trabajo. Esto se debe a que el material traía impreso no sólo un montón de cuadros de imágenes, sino que también una serie de decisiones e intenciones que marcaron su devenir en la línea de tiempo. Estas decisiones e intenciones no pueden ser pasadas por alto, pues el material mismo es quien dicta los posibles caminos por los cuales puede transitar; dichos caminos dicen relación con la disposición, el ritmo, los textos, etc. Nosotros escogimos uno de esos caminos (cambiando algunas escenas de lugar, recortando varios textos, etc.), e interpretamos el material para lograr "enrielarlo" en esa vía. Es importante notar la palabra "escoger", por encima, siempre, de "crear". Creo que el verdadero talento de un montajista siempre será el de escoger (para lo cual se requiere interpretar primero) de entre los posibles caminos que puede tomar el material. "Crear" dicho camino es la tarea del director en rodaje, y no la del montajista en la sala de edición. Pude comprobar esto en el montaje del segundo cortometraje.
Para "Marialinda XD", la tarea fue muy diferente. Como ya mencioné, debía generar ambigüedad temporal y psicológica. La primera no existía en absoluto en el guión, y la segunda tenía momentos dictados en el texto, que adquirieron la forma de alucinaciones de la protagonista. Ahora, si bien el guión es sólo una guía que puede o no respetarse en el rodaje, en este caso se filmó en pos de las intenciones descritas en el guión. Por tanto, el material no fue grabado con la intención de generar las confusiones antes descritas, salvo por las alucinaciones, que, sin duda, funcionaron como se planearon. Esto fue determinante a la hora de montar, pues una vez enfrentado al material, éste dictó sus posibilidades reales.
Esto no quiere decir que no intentase "doblarle la mano" al material, y generar las confusiones temporales y psicológicas que no estaban en el guión. De hecho, tras un par de versiones del corte de la película, llegué a pensar que mi hipótesis estaba en un error, ya que parecía ser que podía llegarse al resultado propuesto, aunque el material no haya sido filmado con las intenciones que quisimos imponerle luego, en el montaje. La intercalación, fragmentada, de distintos momentos de una escena (la protagonista en su cama, de noche) que fue grabada como una sola unidad, indivisible en el guión, amagó un posible efecto de confusión en el cortometraje. Sin embargo, la fuerza del material terminó por imponerse a nuestros deseos, y tras mirar muchas versiones, me di cuenta de que el efecto que quisimos crear no estaba funcionando del todo, y finalmente terminé por abandonar esa empresa, entregándole al armado la coherencia temporal que arrastraba desde el momento en que fue grabado.
Si bien la estructura del corto cambió mucho (sobretodo por la disposición de las escenas, que cambió bastante respecto del guión), hubo efectos, como esta confusión, que no funcionaron, pues el material no fue grabado con dichas intenciones. Creímos que el experimento, en la sala de montaje, daría resultado. Y no fue así: aquello que fue grabado terminó por imponer su coherencia y su lógica.
Así, he llegado a la conclusión de que mi hipótesis estaba en lo correcto: no existen infinitos caminos para montar un mismo material. Se le puede otorgar mayor o menor fuerza, dándole disposiciones y ritmos diferentes, así como el momento del corte puede entregar resultados significantes diferentes, pero no se puede cambiar por completo el énfasis con que fue grabado el material. En la sala de montaje podemos sacar palomas del sombrero, o cambiar aces por reyes, pero no podemos desaparecer un edificio. No hay tal magia.
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