A modo de crónica, me remito a contar que, antes de los rodajes, conseguí que Arcos me facilitara un disco duro de 500 GB de memoria, con conexión firewire 400 (la conexión USB no sirve para trabajar directamente el material desde el disco, pues su tasa de transferencia de datos no es lo suficientemente veloz como para soportar la tasa de transferencia del video HD de la Canon 7D). Pensaba que esto sería suficiente para almacenar y editar ambos cortometrajes. Sin embargo, me equivoqué.
En el proceso de transformar el códec nativo del material de la Canon, desde su original h.264 hacia el Apple ProRes 422 HQ, el tamaño del material prácticamente se triplicó; lo que era una tarjeta de 32 GB pasó a ser casi 90 GB de material de video, una vez aplicada la transformación a Apple ProRes. Cabe mencionar que esta transformación (cuyo procedimiento ya revisamos en el post acerca del plugin de FCP 7 para cámaras Canon) es necesaria a la hora de editar, puesto que el códec h.264 no está pensado para la edición, sino más bien para el ahorro de espacio y para la visualización. El Apple ProRes, en cambio, está pensado para la edición.
Ahora bien, una vez que tuve el material en ProRes, me di cuenta de que sólo un proyecto ocupaba casi la totalidad de mi disco duro (480 GB aprox.) Y así, no sólo no tenía espacio para el siguiente cortometraje, sino que ni siquiera podía renderear las secuencias con tranquilidad, ya que cada render de una secuencia completa (de unos 25 minutos) pesa al rededor de unos 18 GB, acabando por completo con el espacio para exportar cualquier versión del material.
Es por esto que es importante disponer de una buena cantidad de espacio libre en algún disco duro antes de lanzarse a trabajar con esta cámara.
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